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La Casa de la Cultura Ecuatoriana se origina profundamente en las constantes de la vocación del hombre ecuatoriano - cultura y libertad
Mensaje de nuestro PresidenteLa Casa, nuestra Casa, fue edificada para guarecer al pueblo ecuatoriano de todos los infortunios (casa adentro, casa afuera), y para multiplicarse en nuestra patria grande, América Latina. Fue la contestación al derrotismo que padecimos luego de la guerra fratricida con Perú. Respuesta propositiva, exenta de temores, rencores, satrapías o represalias. Y de la Casa de la Cultura Ecuatoriana fluyó como un río de aguas limpias la ‘Teoría de la Nación Pequeña’: tenemos que ser grandes por nuestra cultura, por el vigor de nuestras instituciones, por nuestra eticidad. Nuestra Casa, entonces, sigue en plena vigencia en el tiempo del vacío que vivimos, signado por la mundialización, y cuya divisa es el neoliberalismo, sistema de muerte y no de vida, conclusión que repetía con violencia de santo el papa Juan Pablo II.
La Casa, nuestra Casa, tuvo, tiene y tendrá detractores: unos pocos que resuman amargura, otros que fungen de poseedores de la verdad (la verdad no existe, solo es un camino), los de más allá porque les es indiferente o porque —con razón—, algunas veces, nuestra Casa, se pobló de ignaridad, improvisación, aventurerismo o de agresores de su singular esencia.
Quienes no se aproximen al estudio, al conocimiento y a la constatación de nuestro Ecuador profundo, no pueden dirigir la ‘institución rectora de la cultura y el pensamiento nacionales’. Por esta incuestionable razón, hay que autocriticarnos: la crisis que nos consume es integral y esta se impregnó —metástasis al fin— también en nuestra Casa.
Marco Antonio Rodríguez
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